lunes, 9 de marzo de 2009

en 19:37 Publicado por Oscar Rojas Mayorga


Según el psiquiatra Enrique González Duro, autor del libro “La Paranoia”, este trastorno “oscila entre los sentimientos de grandeza y persecución”, y en el caso del político, la paranoia “le viene dada por la soledad que da el adhesivo uso del poder”.
“El paranoico se torna visceralmente agresivo y vengativo contra las personas que critican negativamente sus actuaciones públicas. En especial se siente perseguido por los periodistas que no le son adictos o que no pueden ser fácilmente convencidos, hasta el punto de llegar a pensar: los que no están conmigo están contra mi”, asegura el psiquiatra español.
El riesgo es mayor cuando estos trastornos se dan en personas que se encuentran en relación directa con el poder, ya sea en su obsesión para llegar a él o para mantenerse en él, o bien, como medio para hacer de sus odios y venganzas personales los derroteros de sus gobiernos, como consecuencia de algún trauma infantil o juvenil.
Para el psiquiatra Colombiano Pablo Zuleta, sin embargo, “el problema no es solo del personaje que asume el poder, sino de la forma en que la sociedad lo percibe. ¿Por qué la gente no lo puede percibir de otra manera?. Porque educativamente no tienen otra opción y esto conlleva a una lectura equivocada; porque la figura del dirigente autoritario es profundamente atractiva, y porque las circunstancias históricas permiten que pueda subir al poder una persona con esas características”.
Según Zuleta, “lo que en el fondo les sucede a los que son profundamente poderosos es que no son capaces de reconocer que el otro tiene una visión diferente, y que esa visión diferente no es necesariamente en contra de el”. El concepto del narcisismo es la base para todos los demás trastornos de personalidad. “No ser capaz de reconocer otras visiones de mundo es lo que constituye el elemento del narcisismo, en términos clínicos”.
¿Van los hombres más poderosos del mundo donde un psicoterapeuta?¿O la imagen que proyectan de si mismos, como superhombres, no les permite reconocer sus propias debilidades? Narcisistas, paranoicos y psicópatas, así son muchos de los hombres que dirigen o han dirigido el destino de la humanidad.
¿Cómo evitar, sin embargo, que sus disfuncionamientos personales se traduzcan en disfuncionamientos para la sociedad? Para González Duro este aspecto debe resolverse en las urnas y no en un consultorio: “Es indispensable un buen sistema democrático que impida el uso abusivo del poder”.

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